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Siempre soy sincera con vosotros, así que os lo reconozco: no pensaba escribir un post sobre mi segundo año opositando. La razón es que, los opositores de Justicia, nos encontramos en un momento en el que aún no podemos hacer balance de la oposición porque estamos esperando las notas. No sabemos si todo el esfuerzo ha merecido la pena y ahora mismo, es complicado echar la vista atrás sin saber si vamos a obtener un buen resultado o no.

¿Qué me ha llevado a lanzarme a escribir este post? Acabo de releer el post que escribí tras mi primer año opositando y he vuelto a recordar lo que sentía y mi punto de vista sobre ciertos detalles de la oposición que en el último año han cambiado.

Los principios de todo opositor están cargados de ilusión, seguridad en que lo puedes conseguir, te ves siendo funcionario y con una vida ideal, todo es nuevo (compañeros, temario, cambio de rutina)… Te levantas cada día y te pones a estudiar, con la sensación de que estás invirtiendo todo ese tiempo en tu futuro y eso te anima a empezar con fuerza este camino.

A medida que pasan los meses y los años, esta ilusión del principio se va quedando atrás, sobretodo, en los momentos en los que ves que otros tienen más nivel que tú, cuando estudias ese tema que no hay forma de memorizarlo, cuando ves las pocas plazas que hay y la de opositores con el mismo sueño que el tuyo… Es decir, nos vamos cargando de pensamientos negativos, fruto del cansancio, la frustración de que ni siquiera sepamos cuándo es el examen y otros muchas cosas personales que van sucediendo y que en cada opositor son diferentes.

Mi segundo año opositando ha sido un camino descrito en este último párrafo pero intentado recordar, las ganas y el optimismo de los primeros meses. Sinceramente, ha costado mucho seguir manteniendo el entusiasmo (especialmente con el baile de fechas de los exámenes que hemos sufrido) en ciertos momentos y por eso, han sido 12 meses mucho más duros que los primeros.

Pese a todo esto, sigo pensando que el miedo, la inseguridad, la impotencia, la frustración, el desánimo, los sacrificios, etc. merecen la pena porque la meta es un logro profesional muy grande.

Y personalmente, creo que mientras un opositor siga pensando que merece la pena todo este duro proceso, sacará fuerzas de donde sea para lograrlo.

 

*No quiero olvidarme de mencionaros a vosotros, que me estáis acompañando en esta carrera de fondo. En el último año hemos conseguido cifras desorbitadas en Instagram, Facebook y, por supuesto, en el blog. Que esteis detrás de cada me gusta, comentario, mensaje privado… hace que seáis una parte muy importante y positiva en mi vida ahora mismo. Da mucha satisfacción comprobar que, mis ratitos libres escribiendo, pueden ser útiles y motivadores a tantas personas. Por mi parte, y pase lo que pase con mis notas, seguiré aquí acompañándoos porque ya no puedo vivir sin vosotros 😀

¡¡GRACIAS!!

 

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